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Rescatar el planeta de la inminente catástrofe climática no será fácil; ya no hay tiempo

Como algunas veces hemos comentado, amable lector, en el sentido de que estamos a tiempo todavía de salvar al planeta, -incluidos nosotros-al parecer, ya no es así. Parecerá sensacionalista, exagerado, tonto, etc., pero la realidad es que, después de conocer todas esas dramáticas informaciones obtenidas de los estudios de los científicos y avaladas por la ONU, no queda más que reconocer, y aceptar, que la debacle ecológica es inminente. Que no lo reconozcamos, y mucho menos lo aceptemos, es cuestión de cada quien.



¿Una guerra perdida? Océanos basureros. -Continúa: La invasión plástica ha terminado por convertirse en un problema a escala planetaria debido a la incapacidad de las naciones para gestionar los volúmenes generados. De las nueve mil 200 toneladas de residuos plásticos generadas desde 1950, menos del diez por ciento se ha reciclado, 14 por ciento se ha incinerado y 76 han parado en vertederos o en el medio ambiente. Si la comunidad de naciones se atiene exclusivamente a los compromisos actuales, se estima que la contaminación por plásticos se reducirá en solo ocho por ciento de aquí a 2040. Este escenario comprometerá aún más el futuro de la salud pública, así como de los océanos, hoy convertidos en importantes almacenes de basura plástica.


En la Unión Europea se estima que alrededor de la mitad de los residuos marinos son plásticos de un solo uso, en tanto que por producción e incineración se emitieron alrededor de 850 millones de toneladas de gases de efecto invernadero en el mundo. Los científicos estiman que las emisiones podrían ascender a dos mil 850 millones de toneladas para el año 2050, como ya se ha señalado anteriormente.


“El Tratado Mundial” es la única oportunidad para resolver la inminente crisis de contaminación por plásticos. Pero, lograr ese texto en el que todo el mundo esté de acuerdo para finales de 2024, un año antes de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos que se llevará a cabo en Niza, Francia, como ya hemos adelantado, amable lector, no será fácil. Y no será nada sencillo porque los múltiples intereses de los grandes productores de plásticos, y desde luego, del poder político y económico, que son los principales “enemigos” de la salud del planeta a vencer, se opondrán rotundamente.


No, definitivamente, los dueños de ese boyante imperio financiero que significa la indiscriminada producción de plásticos, jamás permitirán que su negocio sea modificado como se pretende. La preocupación es que, al no haber autoridad ni sociedad que los obligue a respetar las normas que supuestamente rigen la sana conservación del medio ambiente, todo quede en un vano intento más....

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